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Naturalidad, ¿nuevo canon de belleza o tendencia falsa?

Actualizado: 29 jun 2024


Fuente: Lucía Mendoza



Por ​Lucía Mendoza Cortés


​“Jennifer Aniston sin filtros: así es su piel real a los 54 años”, “Laura Escanes muestra en sus redes un increíble posado sin una gota de maquillaje”, “Aplaudimos a Kim Karsashian por mostrar la textura natural de sus poros y piel”... Titulares como estos son cada día más frecuentes en las páginas de la prensa; piezas que glorifican determinadas figuras públicas por mostrarse tal y como son. La pregunta es en qué momento los filtros se convirtieron en la norma y la naturalidad, en la excepción.


A lo largo de las décadas y de forma cíclica, los cánones de belleza y las tendencias estéticas han ido cambiando como cualquier moda. Cuerpos delgados y pecho-table en los años 20, curvas pronunciadas en los 50, y así sucesivamente hasta llegar a nuestro siglo. Ahora lo que manda es el cuerpo esculpido. Estudiar cómo han ido evolucionando estos modelos de belleza, demuestra la poca consistencia que tienen y lo inútil que resulta adaptar nuestras medidas a los “jueces” de la moda. 


La sociedad del siglo XXI parece demandar un nuevo cambio de ruta, esta vez hacia modelos más inclusivos que representen a toda la población. Pero, ¿es real esta tendencia y viene para quedarse o está de actualidad buscando únicamente beneficios económicos? Si tenemos en cuenta las cirugías y retoques estéticos que se realizan en el mundo y los millones de filtros que se utilizan a diario en las redes, la duda parece obvia.



Redes sociales, un baile de máscaras


Actualmente, las redes sociales son las que dictan la norma, mudando por completo la imagen que tenemos de los demás, y también de nosotros mismos. Desde que apareció Snapchat en 2011, el uso de filtros se convirtió en un éxito entre sus usuarios y las otras plataformas decidieron imitarla rápidamente. Instagram los implementó en 2016 y ya formaron parte de TikTok desde sus inicios.


No hablamos de los viejos filtros que cambiaban el color de la fotografía jugando con luces, contraste o saturación, sino de mecanismos capaces de reconocer los rostros humanos y modificarlos por completo. Aunque empezaron como un juego divertido, que añadía orejas y lengua de perro a nuestras caras, era inevitable que en redes sociales donde la imagen es fundamental, acabaran apareciendo filtros específicos para mejorar las facciones. Así, surgieron efectos para disimular ojeras y arrugas o aumentar labios y ojos.


En cada uno de estos móviles podemos ver casos particulares de cómo cambian realmente

las caras de estos cuatro jóvenes al sacar un selfie con filtro y sin él. Fuente: Lucía Mendoza.



Cuando activamos la cámara, con un simple clic las aplicaciones nos ofrecen esta herramienta prefabricada que modifica nuestra apariencia de cara a los demás y, algo más preocupante, la manera en que nos autopercibimos. Esto último lleva a algunas personas a rechazar características físicas propias y aumenta su deseo de cambiarlas con retoques estéticos. El sector de población más afectado por esta situación es el de la juventud, ya que en aplicaciones como Instagram más de un 60% de los usuarios tienen entre 18 y 34 años. Y de qué forma podemos transformar rasgos corporales que no nos gustan? La cirugía estética es la solución. 


Relacionando redes sociales y cirugía plástica, la revista estadounidense JAMA Facial Plastic Surgery publicó un estudio que sugería que las personas que invierten más tiempo en redes son más propensas a pasar por el quirófano. Un 55% de los cirujanos encuestados habían atendido a pacientes que solicitaban intervenciones para mejorar su apariencia en los selfies.


¿Son las plataformas conscientes de su impacto en los usuarios? Pues parece que sí. La empresa Meta, propietaria de Instagram, realizó diversos estudios publicados por The Wall Street Journal en 2021, en  los que se concluía que la aplicación afectaba negativamente a la salud mental de los adolescentes, especialmente de las mujeres. El 32% de las adolescentes afirmaba que cuando se sentían mal con su cuerpo, Instagram las hacía sentir peor.



Deseo de aparentar lo que no somos

El sociólogo estadounidense E. Goffman defendía en su "enfoque dramatúrgico" que en cada interacción buscamos manejar las impresiones que los demás se van a formar de nosotros. Como actores interpretando un papel, buscamos proyectar la imagen pública que queremos y adaptamos nuestra puesta en escena al contexto.


En este momento, las redes sociales son la mejor muestra de esta gestión de la impresión. En Instagram, creamos una representación de nosotros mismos alardeando de belleza o capacidades, mostrando solo lo positivo (ocio, playa, fiesta…). Montserrat Golías, profesora de Sociología del Consumo y de la Comunicación en la UDC, concuerda con esta perspectiva afirmando que en redes “damos una imagen que no es real, una imagen fabricada para gustar a los demás”. 


María Yolanda Berdullas, psicóloga clínica, cuenta que a veces le resulta difícil reconocer a alguna paciente en su foto de perfil y esto es un problema porque demuestra que “se exigen algo imposible y probablemente busquen satisfacer esta quimera en la vida real”. En relación con esta manera de percibirnos nace un nuevo término, la dismorfia de Snapchat. “Querer parecerte a tu propia imagen con filtros de las redes sociales y obsesionarte con ello”.


Persiguiendo los ideales canónicos que se muestran en línea, muchas personas recurren a la cirugía estética, cuya demanda aumenta exponencialmente en los últimos años. Según los datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (ISAPS), España se sitúa en el décimo puesto en la clasificación de países con el mayor número de operaciones estéticas, con un total de 528.608 intervenciones al año.






La Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora, apunta a un descenso progresivo en la edad media de entrada en el sector, que pasó de 35 a 29 años en pocos años, siendo cada vez más frecuente que mujeres de poco más de 20 años acudan a realizarse tratamientos de bótox o ácido hialurónico.


Este es el caso de Sara Fernández, community manager de una empresa de estética que, con 23 años, realizó su primer retoque al ofrecérselo la propia clínica en la que trabaja.




Profesionales médicos, las voces expertas


Los cirujanos plásticos explican que es frecuente que pacientes acudan a sus consultas con imágenes propias en las que emplean filtros para ilustrar los cambios que quieren conseguir. Este tipo de Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) hace que características tan comunes como las asimetrías en los ojos, unos labios finos o unos pómulos menos marcados se conviertan en un complejo obsesivo para los pacientes, que terminan en muchas ocasiones pasando por quirófano, cuando lo que necesitan es terapia psicológica.


La Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (AECEPT) apunta, de nuevo, a las redes sociales al denunciar que “cada vez es más frecuente encontrar en redes promociones low-cost y sorteos que ofertan un aumento mamario o una liposucción”. Señala que esta “frivolización” puede acarrear serios riesgos para la salud y la relaciona, simultáneamente, con el cambio en los medios y en los referentes estéticos. Ahora el interés lo acaparan las redes y los influencers.


Preguntado por el mito de la banalización de la cirugía, el doctor Sergio Fernández Cossío, afirma que la gente, en general, es más cauta de lo que parece. Aunque el paciente lleve un modelo, está en manos del cirujano explicar que no es el resultado exacto que van a obtener y que lo importante es buscar la armonía. Considera que a veces la sociedad no se da cuenta de que los cirujanos plásticos son médicos y, salvo excepciones, no suelen operar nada que se pueda mejorar cambiando hábitos de vida. Opina además que determinados cambios, además de estéticos, son funcionales y mejoran la vida del paciente, y que tampoco son desdeñables los beneficios psicológicos que aportan a algunas personas.



En España hai 1.159 cirujanos plásticos y 7.703 clínicas de medicina estética. En 2021 la facturación total de estos centros superó los 3. 500 millores de euros.




Respecto al género, los expertos coinciden en que el porcentaje de retoques estéticos es muy superior entre las mujeres, aunque en los últimos años se están incorporando varones jóvenes. La socióloga Golías busca el origen de esta presión en la aparición de la sociedad de consumo con sus campañas publicitarias que cosificaban a la mujer convirtiéndola en un objeto sexual. Las pautas estéticas marcadas por el patriarcado indicaban las características físicas ideales para que resultase atractiva a los varones. Que hoy en día nos escandalicen estos estereotipos, indica que algo está cambiando. 





Una imagen cuidada pero más natural


La profesora de estética Cristina Ferreiro, considera que el cuidado de la imagen es ahora un valor en alza. Igual que cuidamos nuestra salud con deporte y alimentación sana, cuidar nuestro aspecto se ha convertido en una necesidad básica para la que reservamos una parte de nuestro presupuesto y tiempo. Aunque los precios han aumentado en los últimos años, comenta que tratamientos y artículos estéticos asociados antes a determinadas clases sociales son ahora demandados por un público mayoritario.



Igual que sucede con los alimentos, los consumidores se muestran cada día más preocupados por la composición de los productos de belleza, decantándose por cosméticos naturales libres tóxicos perjudiciales para la salud. La cosmética orgánica está de moda.


Cada vez son más las iniciativas que nacen con el objetivo de dejar de lado la obsesión por una imagen perfecta y poner el foco en la naturalidad. Entre ellas se encuentra la aplicación BeReal, creada en 2020 que tiene como eslogan “Your Friends for Real” (“Tus amigos de verdad”).  A una hora aleatoria, los usuarios reciben una notificación y tienen dos minutos para sacar una foto de lo que están haciendo. Reivindicando la autenticidad, la aplicación no incluye filtros, ni permite editar las fotos.


También es frecuente que campañas publicitarias de algunas marcas se sumen a la lucha contra la presión de las redes. Es el caso de la campaña de Dove Reverse selfiede 2021. El spot publicitario finaliza con la frase: “La presión de las redes sociales está acabando con la autoestima de nuestras chicas”. La marca se comprometió a no editar las imágenes de sus campañas, para tratar de normalizar los cuerpos imperfectos.


Está claro que la globalización de nuestro mundo ha traído de la mano una homogeneización en todos

los ámbitos incluido el de la imagen. Los medios de masas transmiten modas uniformes y resulta complicado ser alternativo. Aunque estamos dando pasos como sociedad para incluir todo tipo de estéticas, no nos engañemos, una barrera cultural llena de prejuicios impide el avance.  Solo el tiempo dirá si las futuras generaciones lograrán derribar esa losa.​


En cuanto a la influencia negativa de las redes, parece que la solución no pasa por dejar de emplearlas, sino por conseguir marcar los límites entre lo que es realidad y ficción. La educación de los usuarios, es fundamental para establecer ideales estéticos más conectados con el mundo real, algo que debemos trabajar desde edades tempranas, previas a la entrada al mundo digital.











1 comentario


angel.vizoso
29 jun 2024

Pois realmente hai moi pouquiño que dicir. Todo vai a unha, tanto no sentido da integración dos materiais visuais co texto que elaboras como dentro deses propios materiais. A xestión da cor é magnífica, de xeito que consegues que mesmo chegando de aplicacións distintas, todo teña un único sentido no terreo cromático. Ademais, dentro dos gráficos o traballo de datos é tamén moi bo, entrando a elaborar un relato excelente. Moi bo traballo! Noraboa!

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