top of page

Fast Fashion: la moda que paga el medio ambiente

El acelerado ritmo en la producción de prendas y textiles provoca una gran contaminación, desde su producción hasta que acaban convirtiéndose en montañas de residuos

Alexander Neumann, Vogue India

La industria de la moda podría no ser la primera en la que la sociedad piensa como una gran productora de residuos fósiles. Sin embargo, hoy en día los textiles modernos dependen en gran medida de los productos petroquímicos provenientes de muchas de las compañías de petróleo y gas que generan emisiones de gases de efecto invernadero.


Esto supone que las emisiones de esta industria representen cerca del 10% de la producción de gases de efecto invernadero a nivel mundial, el equivalente a lo que libera solamente la Unión Europea, según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE). Además, produce casi el 20% de las aguas residuales del mundo.


Cada vez existe una necesidad más grande en los consumidores de renovar su armario personal en cuanto la ropa “pasa de moda”, aun estando en perfectas condiciones. Se genera más ropa que nunca y los estilos y tendencias cambian más aún más rápido. Según las estimaciones del Foro Económico Mundial, la cantidad de prendas producidas cada año se ha duplicado desde el año 2000.


Según Greenpeace, el concepto de fast fashion se refiere a al gran volumen de ropa producida por la industria de la moda, que sigue las tendencias y crea una necesidad inventada de innovación, lo que contribuye a poner en el mercado millones de prendas. Las consecuencias perjudiciales del fast fashion en el medio ambiente son una realidad que acelera el cambio climático al que se enfrenta la humanidad.


¿De dónde viene la ropa que compramos?


Cuando compras una prenda de ropa puede que solo te fijes en la etiqueta para comprobar la talla y quizás ignoras el “made in China” u otro país que aparece en pequeño. Los mayores importadores de ropa en la Unión Europea son China, Bangladesh y Turquía. Según datos de Eurostat, en 2020 en Europa se importaron prendas de estados no miembros de la Unión Europea por un valor de 69 billones de euros. Países como China, que es el principal exportador de ropa (21 billones) y otros países no miembros como Bangladesh (12 billones) y Turquía (8 billones).


El fast fashion está basado en ropa fabricada de forma rápida y a precios muy bajos. Por ese motivo estos países son algunos de los principales exportadores de ropa a la Unión Europea. La deslocalización de empresas propició que la mayor parte de las 250.000 fábricas que hay en el mundo se encuentren en Asia.

En Bangladesh el salario de los trabajadores de la industria textil (la mayoría mujeres) es inferior a los 50 mil pesos chilenos al mes, es decir, alrededor de 56 euros. Es más, el salario mínimo en esta nación es de unos 68 euros mensuales, según la revista digital Modaes.




Fertilizantes sintéticos y el cultivo de algodón


El cultivo de algodón tiene un impacto elevado en el medio ambiente. Consume una gran cantidad de agua, para elaborar una camiseta de algodón (de aproximadamente 250 gramos de peso) se requieren alrededor de 2.000 litros de agua. El proceso de teñido y acabado tienen un gran impacto en energía y toxicidad. En esta fase, el algodón requiere de un 72% más de energía que las fibras sintéticas. Este material suele considerarse mejor que otros sintéticos en cuanto al impacto ambiental, pero la realidad es que también genera impactos muy importantes. El poliéster derivado del petróleo también ha ganado mucho terreno en la fabricación de prendas, ya que es muy barato, pero el principal problema es que no es biodegradable.


Para la producción del algodón convencional se utilizan muchos fertilizantes sintéticos a base de nitrógeno. Los fertilizantes y plaguicidas contaminan el agua, provocando graves problemas de salud en las plantas, animales y seres humanos.


El aumento del uso de fertilizantes a base de nitrógeno está intensificando las emisiones mundiales de óxido nitroso (N2O), un gas de efecto invernadero menos conocido que es mucho más potente que el CO2 para atrapar el calor y permanece en la atmósfera durante décadas.

El óxido nitroso tiene un potencial de calentamiento 300 veces superior al CO2

Los esfuerzos en la reducción de las emisiones de GEI que ocasionan el calentamiento global se han centrado en el dióxido de carbono y en el metano. En un estudio de la revista Nature, varios científicos descubrieron que el sector de la agricultura es responsable de más de la mitad de las emisiones de N20 causadas por el hombre y que las principales emisiones provienen del continente asiático.


El slow fashion como alternativa al fast fashion


En 2016 las naciones unidas firmaron un tratado para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, conocido como el Acuerdo de París. Este acuerdo persigue objetivos para frenar el cambio climático y limitar el incremento de la temperatura del planeta en 1.5 grados Celsius para el año 2030.

En 2018, la industria de la moda produjo 2.1 billones de toneladas de CO2. En los próximos 10 años, la industria de la moda debe intensificar sus esfuerzos por reducir las emisiones de dióxido de carbono, lo que significa reducir las emisiones anuales de CO2 a 1.1 billones de toneladas.


La Unión Europea en su Estrategia sobre los Productos Textiles Sostenibles y Circulares publicó en marzo de 2022 una serie de objetivos y medidas para que (de aquí a 2030) los productos textiles comercializados en la UE tengan una duración más larga, sean reciclables y estén fabricados con fibras recicladas, que no contengan sustancias peligrosas y que estén producidos respetando los derechos humanos y el medio ambiente.


La industria de la moda se enfrenta al reto de reducir sus emisiones contaminantes y el fast fashion debe abrir paso al slow fashion, que promueve un consumo responsable, respetuoso con el medio y los derechos de los trabajadores. Este cambio, aun teniendo en cuenta las medidas gubernamentales, empieza en la conciencia de los consumidores.



Datos infografía final:










1 comentario


Hai un bo relato informativo, moi moi ben executado. As formas gráficas son totalmente pertinentes e, ademais, están moi ben conectadas a través do bo uso que fas da cor.


Como puntos para a revisión sinalaría a necesidade da autoría na primeira das infografías e tamén na última. Ademais, habería que revisar ese gráfico de xerarquía de Flourish, xa que o segundo nivel xa é o das cifras e seguramente compense retiralo, facendo que ese dato conste na ventá emerxente. Tamén habería que revisar ese "All" do menú do filtro e mudalo por un "Todos". Fóra deses pequenos detalle hai que dicir que está moi ben traballado. Noraboa!

Me gusta
bottom of page