De la innovación al prestigio: el maillot verde del Tour
- Antonio Rico
- 6 ene 2023
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 12 ene 2023
El interés general en el ciclismo se recupera gracias a una generación de jóvenes que impone su categoría sobre el resto del pelotón. Después de una década gris, conviene repasar uno de los reductos de emoción que siempre ha permanecido para disfrute de los aficionados: la clasificación por puntos
Hubo un tiempo en el que los ciclistas emprendían viajes homéricos y sus hazañas eran poco menos que epopeyas. La Grande Boucle fue descrita por el filósofo Roland Barthes como el “mito total”. Pero ese misticismo romántico quedó muy atrás. Desde la óptica de las audiencias, el ciclismo de hoy se encuentra en un escenario complicado. Hay muchos argumentos, pero entre ellos se desliza una constante: es un deporte que requiere de tiempo y paciencia; algo que no casa con la inmediatez actual que lo domina todo.
La caída de espectadores en la pasada década, sobre todo en países como España, ha quedado patente en cada informe. A pesar de ello, las últimas tres temporadas han supuesto una suerte de resurrección y el interés se está recuperando. La aparición de una nueva generación de jóvenes prodigio, cuyo límite es difícil de intuir, hace que los aficionados sueñen con vivir otra Belle Époque.
Según France Télévisions, emisora en abierto del Tour de Francia, en 2022 la carrera fue vista por 41,5 millones de franceses y cuatro etapas superaron los cinco millones de espectadores, siendo la disputada el 14 de julio la más vista desde 2003, con 6,4 millones de personas.
En España, las once etapas retransmitidas por La 1 consiguieron una media de 1.143.000 espectadores y un 11,6% de cuota, lo que supone un incremento de cinco décimas respecto a 2021 y su mejor registro desde hace tres años. Además, hubo 14.204.000 personas pendientes en algún momento de las emisiones del ente público, es decir, algo más del 31% de la población.
¿Qué ha cambiado?
La última década ha sido más bien monótona debido al dominio del conjunto británico Sky (actual INEOS Grenadiers). Sin embargo, desde 2019 ha surgido un abanico de estrellas que, habiendo superado apenas la veintena, aspiran a conquistarlo todo y, quizás, algún día lleguen a estar a la altura de los Coppi, Anquetil, Merckx, Hinault o Induráin. Dos de los más destacados son el esloveno Tadej Pogacar (1998), dos veces ganador del Tour con tan solo 24 años, y el belga Remco Evenepoel (2000), ganador de La Vuelta y el Mundial.

Pogacar, Vingegaard y van Aert portando sus respectivos maillots de líderes en el pasado Tour de Francia. Imagen: TdF
Para comprender mejor en qué contexto han irrumpido, es preciso analizar el Tour de Francia más allá de las clasificaciones generales. Si bien el maillot amarillo figura como un satélite inalcanzable para la mayoría de equipos, en la Grande Boucle hay otras metas muy codiciadas en las que han destacado grandes corredores.
El maillot verde, un prestigioso objetivo
Como en cualquier otro deporte, cada cierto tiempo el ciclismo ha buscado innovarse, ya sea inducido por factores externos, como los avances tecnológicos que repercutieron en mejoras materiales, o por dilemas internos, entre los cuales sobresale el bienestar de los ciclistas.
Por ejemplo, en 2019, el Tour cambió sus reglas para que los equipos estuvieran formados por ocho corredores en lugar de nueve. El director de la carrera, Christian Prudhomme, justificó la decisión alegando que se mejoraría la seguridad, puesto que habría menos riesgo de caídas y, también, menos etapas bloqueadas, lo que redundaría en un mayor dinamismo.
Algunas de estas innovaciones tienen mucha tradición, como es el caso de las clasificaciones por puntos o de la regularidad en las vueltas por etapas.
La introducción del maillot verde aportó un nuevo reto al Tour de Francia, pues el jersey amarillo y el de lunares dejaron de ser los únicos premios deseados. Hoy en día, esta clasificación es imprescindible y la ronda gala no se entendería sin ella. Tanto es así que, debido a su prestigio, algunos equipos se confeccionan exclusivamente para lograr este objetivo y rara vez un ciclista lo consigue sin ser este su principal cometido.
En el Tour se reparten más de 2,2 millones de euros entre premios y bonos. En el caso del maillot verde, su portador recibe 300€ cada etapa y el ganador final, 25.000€, es decir, más que el sexto clasificado de la general (23.000€), pero muy lejos del medio millón que recibe el maillot jaune.
El ciclista con más maillots verdes de siempre es Peter Sagan. Desde su irrupción en 2012 solo ha habido cuatro ganadores distintos. El primero sería Michael Matthews en 2017, quien le arrebató el verde a Marcel Kittel a falta de cuatro jornadas. En esta edición, el eslovaco, que acababa de fichar por el BORA, no pudo revalidar su maillot —y alcanzar la marca de seis consecutivos aún ostentada por Erik Zabel—, ya que sería expulsado al finalizar la cuarta etapa tras un accidentado y polémico esprint con Mark Cavendish, que acabó con la clavícula derecha fracturada.
Más allá de este episodio, el ganador de las dos siguientes ediciones volvería a ser el de Žilina, demostrando una superioridad absoluta. Además de siete maillots verdes, durante sus años de plenitud, ‘Peto’ se hizo con tres campeonatos mundiales seguidos (2015, 2016, 2017), un hito que lo convierte, para muchos, en el mejor esprínter de la historia.
Ahora, con Sagan alejado de la primera línea, otros corredores se han abierto paso en la disputa del jersey verde. En 2020, Sam Bennett aprovechó que tenía a su disposición el treno del Deceuninck-Quick Step, comandado por el danés Mørkøv, para hacerse con dos etapas y subir al podio en París vestido de verde con 380 puntos. La “Wolfpack” repetiría un año más tarde, aunque con diferente rematador: un renacido Mark Cavendish. El de la Isla de Man consiguió diez años después su segundo jersey verde, además de ganar cuatro etapas e igualar lo que parecía imposible: el récord de 34 victorias del legendario Eddy Merckx.
El último maillot verde fue el conseguido por Wout van Aert (Jumbo-Visma). Pese a su rol como gregario de lujo de Roglič y Vingegaard, peleó por casi todas las etapas y en cualquier terreno gracias a su excelente estado de forma. La ‘tuneladora de Herentals’ rompió todos los registros al alcanzar los 480 puntos, conseguir tres victorias y quedar ocho veces entre los tres primeros.

"Wout van Vert", en alusión al maillot verde logrado por el ciclista belga del Jumbo-Visma. Imagen: Tour de France
La importancia de los esprints intermedios
Aunque el maillot verde se suele asociar con las etapas llanas y los finales rápidos, este también es fruto de los puntos obtenidos en los esprints intermedios. En esta última edición hay un dato a destacar: van Aert consiguió el 46% de su puntaje total en ellos, convirtiéndose en el corredor con más puntos en los esprints intermedios en una misma edición. Solo en cinco de las 21 etapas no obtuvo recompensa de esta forma, otra prueba más de la regularidad que demostró durante toda la carrera y que le valió el premio al más combativo.
Hai un moi bo relato e un moi bo emprego dos materiais gráficos que, ademais, están ben integrados no conxunto a través da cor. Nesta ocasión parecía fácil esta integración pola propia natureza do tema, pero había que facelo. Noraboa!